TEMA 4: EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
Finalidad: Después de este
recorrido ciertamente un poco largo, estamos preparados para comprender mejor
qué es vivir el Matrimonio como sacramento y cuál es la riqueza y las
posibilidades que ofrece el matrimonio cristiano.
a)
Proyecto de vida matrimonial
Lo
primero que hacen los novios cristianos, como cualquier otra pareja, es
comprometerse a una vida matrimonial. Este proyecto de vida es la base humana
del sacramento, el gesto que va a ser sacramentalizado desde la fe. Por
tanto, los novios se comprometen a compartir sexualmente su vida, como
expresión de un amor mutuo que exige fidelidad, como una realidad que desean
sea reconocida socialmente y como una comunidad de amor abierta a la
fecundidad.
La
base humana del sacramento del matrimonio no son unos elementos materiales
(como el pan y el vino de la Eucaristía), no es un gesto exterior (como el
lavado con agua del bautismo), sino la misma vida de los nuevos esposos, su
entrega mutua, su encuentro amoroso. Es esta vida matrimonial la que va a
convertirse en signo, en sacramento cristiano.
b)
El Matrimonio, sacramento del amor de Dios
Lo
nuevo y original de los novios cristianos es que, animados por su fe cristiana,
se comprometen a vivir su matrimonio como signo, como expresión, manifestación
o «sacramento» del amor de Dios que se nos ha revelado en Cristo. Al casarse en
Cristo, los novios cristianos dicen públicamente a toda la comunidad cristiana
lo siguiente:
“Nosotros
queremos vivir nuestro amor matrimonial como un signo, una manifestación, una
encarnación, un sacramento del amor de Dios. Todos los que veas de cómo nos
queremos, podrás intuir de alguna manera cómo nos ama Dios a todos. Queremos
que nuestro amor y nuestra vida matrimonial les recuerden a todos cómo les
quiere Dios”. Precisamente por esto, los
novios son los ministros del sacramento del matrimonio.
No
les casa el sacerdote, sino que se confieren el sacramento el uno al otro y lo
reciben el uno del otro. El novio le casa a la novia y ésta le casa al novio.
Cada uno de ellos se ofrece al otro como gracia, representa para el otro el
amor de Dios hecho visible y sensible en el amor humano matrimonial.
Al
comprometerse a vivir su amor matrimonial como sacramento, se dicen el uno al
otro lo siguiente: “Te amo con tal hondura, con tal verdad, con tal entrega y
fidelidad que quiero que veas siempre en mi amor matrimonial el signo más
claro, la señal más visible, el «sacramento» mejor de cómo te quiere Dios.
Cuando sientas cómo te quiero, cómo te perdono, cómo te cuido, podrás sentir de
alguna manera cómo te quiere Dios”.
Los
esposos cristianos pueden descubrir el amor de Dios en muchas experiencias de
la vida y en muchos lugares del mundo. Para ellos Cristo es, sobre todo, el
Sacramento de Dios y a ese Cristo lo pueden descubrir en la Iglesia de muchas
maneras. Por ejemplo, en la Eucaristía, o en el sacramento de la
Reconciliación.
Pero
para ellos, su propia vida matrimonial, su encuentro, su amor matrimonial es el
lugar privilegiado para ahondar, disfrutar y saborear el amor de Dios,
encarnado en Cristo y comunicado a través de su Iglesia.
c)
El matrimonio como estado sacramental
El
matrimonio no es solo un sacramento; es un estado sacramental. La boda no es
sino el punto de partida de una vida matrimonial que queda sacramentalizada.
Por eso, toda la vida matrimonial, con todas sus vivencias y expresiones, tiene
un carácter sacramental para ellos, es fuente de gracia, expresión eficaz del
amor de Dios que se hace realmente presente en su amor matrimonial.
La
mutua entrega, el perdón dado y recibido dentro del matrimonio, las expresiones
de amor y ternura, la intimidad sexual compartida, la abnegación de cada día
con sus gozos y sufrimientos, con su grandeza y su pequeñez, con sus momentos
sublimes y su mediocridad... toda esa vida matrimonial es sacramento, lugar de
gracia, experiencia sacramental donde Dios se hace realmente presente para los
esposos.
Por
eso, los esposos cristianos viven toda su experiencia humana y su vida
cristiana de manera matrimonial, de manera diferente a los no casados. Los
esposos cristianos pueden y deben encontrarse con el perdón de Dios en el
sacramento de la Reconciliación, pero pueden y deben encontrarse también con el
perdón de Dios que se les ofrece en el perdón que mutuamente se regalan el uno
al otro.
Los
esposos cristianos pueden y deben alimentar su vida y su amor cristiano en la
Eucaristía de la comunidad, alimentándose del cuerpo del Señor, pero pueden y
deben alimentar su vida y su amor en el disfrute gozoso de su amor matrimonial.
Necesitan
acercarse a la comunidad eclesial a la que pertenecen, su mismo matrimonio lo
viven como sacramento dentro de esa comunidad eclesial, pero ellos viven toda
su vida cristiana de manera matrimonial.
Este
carácter sacramental da una hondura y plenitud diferente a su abrazo conyugal.
Los esposos cristianos no "hacen el amor", sino que lo celebran. El
acto del amor es una celebración, una fiesta, donde los esposos con su propio
cuerpo, con su capacidad erótica, con la fusión de sus cuerpos y sus almas, con
el disfrute compartido, hacen presente en medio de ellos a Dios. Es sobre todo
en esa experiencia íntima donde mejor pueden entender y saborear su amor
matrimonial como sacramento del amor de Dios.

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